Llegó al restaurante de Palermo con una sonrisa y unas pilas incontrolables. No mide mucho más de 1,60 m y es menudo; camina, se levanta, se sienta, hace muecas, da vueltas a la mesa y vuelve a su copa de vino: un verdadero "demonio de tazmania" que hace de todo para expresarse y hacerse entender.

"Pertenezco a una generación que ya no cree en los prejuicios hacia la homosexualidad, que ya no le presta atención a eso", dice Humberto Busto, el actor elegido para presentar el ciclo "Orgullo y prejuicio" en México, Colombia y Venezuela (en Argentina lo hará Eusebio Poncela). El mexicano, que empezó su carrera en el cine en "Amores perros" (2000), grabó las presentaciones del ciclo en Buenos Aires y mantuvo una extensa charla con la prensa.

Durante la entrevista queda claro que Busto no sólo le hace caso omiso al prejuicio, sino también a cualquier intento de "definir" la sexualidad de una persona. "No creo que tengas que ser una cosa u otra; somos individuos, carnal, somos una sola cosa", enfatiza.

"Cuando la gente de Turner me llamó y me propuso el trabajo acepté en el acto. Me gusta la idea del ciclo y me encanta la idea de hablar de cine, porque me apasiona", confiesa. "Primero pensé que se iban a mostrar películas típicas que les gustan a los gays, pero no es esa la idea", agrega.

El actor de 41 años no para de hablar ni un segundo y no duda en exponer sus ideas. "Es difícil definir qué es una 'película gay'; yo no estoy de acuerdo, por ejemplo, con los festivales de cine gay, porque es remarcar una diferencia que tiene que desaparecer y dar importancia a algo que es anecdótico", proclama.

Que pasen por la televisión películas que aborden lo que marca "la ley del deseo", lo pone feliz: "el cine tiene que mostrar los aspectos contrarios a lo que dice la sociedad, porque las cosas nunca son de un solo modo. Por eso, hacer una relectura de películas clásicas, donde por lo bajo se toca el tema, es una forma de incidir en la conciencia". Esa es, para Bustos, la responsabilidad del cine: convencer, recordar e insistir en que las formas para nombrar lo bueno, lo verdadero y lo bello son infinitas.